
Sueño y Terapias Innovadoras
My Health 3D | Gina Lagos Batarce | 01 Octubre, 2026
El sueño es un estado fisiológico periódico y natural de reposo. A lo largo de la noche el ciclo del sueño alterna entre una fase No REM y una fase REM. La fase NREM (sin movimientos oculares rápidos) avanza desde una etapa más superficial donde comienza a disminuir la frecuencia cardiaca (FC) y la presión arterial (PA) hasta una etapa de sueño más profundo, donde la actividad cerebral se ralentiza y es más difícil despertar. En esta etapa se experimenta el sueño reparador. En cambio, en la fase REM, los ojos se mueven rápidamente mientras están cerrados, el cerebro vuelve a activarse, y la FC y PA comienzan a aumentar.
Los trastornos del sueño, en la actualidad, constituyen un problema de salud pública a nivel mundial. El trastorno del sueño más común es el insomnio, que en términos sencillos es la dificultad para quedarse dormido o dormir toda la noche, y que puede durar desde una noche hasta meses. La apnea del sueño también es otro trastorno común, después del insomnio. El ritmo de la vida moderna, el estrés, los excesos de pantallas y equipos electrónicos, los trabajos nocturnos, las múltiples actividades sociales que se activan por la noche, el consumo de alcohol, drogas y cierto tipo de medicamentos son los principales factores que afectan la salud del sueño.
Aunque el marco de referencia SATED/RuSATED sobre la salud del sueño es ampliamente conocido y utilizado, la reciente revisión de Siengsukon et al. determinó qué dominios se incluyen en las puntuaciones compuestas multidimensionales de salud del sueño y cómo se evalúan esos dominios. Además, este artículo destaca algunas lagunas y necesidades de estandarización, útiles para futuras investigaciones. “El estudio identificó doce dominios MDSH únicos: Regularidad, Satisfacción/Calidad, Alerta/Somnolencia, Momento, Eficiencia, Duración, Cronotipo, Continuidad, Latencia, Siestas, Ritmicidad y Trastornos del Sueño. El dominio más comúnmente incluido fue Duración, seguido de Alerta/Somnolencia, Satisfacción/Calidad y Momento”.1
En cuanto a la Duración del sueño cabe destacar que puede cambiar según la edad y según las características y necesidades individuales de cada persona. No obstante, en general se estima que la duración del sueño en un adulto promedio sería entre 7 y 8 horas. Sueño corto (<6 horas/noche) prolongado (>9 h/noche). La Calidad del sueño es la percepción subjetiva de la calidad del sueño, incluyendo aspectos como el descanso, la profundidad y la sensación de frescura al despertar. La Regularidad del sueño se refiere a la consistencia del sueño y la vigilia a lo largo de los días. El Horario del sueño es la ubicación del sueño dentro de las 24 horas de un día, incluyendo las horas de inicio del sueño y de despertarse. La Eficiencia del sueño es la proporción de tiempo en la cama que se pasa efectivamente dormido.
El sueño es un estado fisiológico multidimensional y entre sus funciones principales se encuentran la restauración cognitiva y física, la regulación hormonal y del sistema inmunológico. La buena salud del sueño se relaciona con la prevención de enfermedades tales como: diabetes, hipertensión arterial, enfermedades del corazón, ACV, obesidad, infecciones y algunos trastornos y condiciones de salud mental.
En este contexto, investigaciones recientes como la de Nedergaard destacó la importancia del sueño para la salud en cuanto a la eliminación de proteínas neurotóxicas asociadas con enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer. “La interrupción de la señalización de los neuromoduladores, ya sea por envejecimiento, enfermedad psiquiátrica, estrés crónico, disfunción cardiovascular o intervención farmacológica, puede comprometer los mecanismos de bombeo vascular que sustentan la eliminación glinfática. La alteración del ritmo neuromodulador dependiente del sueño que mantiene la homeostasis cerebral podría representar una vía mecanicista que vincula diversos trastornos del sueño con un mayor riesgo de demencia”.2
Una mala salud del sueño, que incluye patrones de sueño irregulares e ineficientes, horarios de sueño tardíos y mala calidad del sueño, contribuye al desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Estos efectos operan a través de mecanismos interrelacionados, que incluyen un aumento de la actividad simpática, alteración de la actividad neuroendocrina, cambios inflamatorios e inmunitarios, desregulación metabólica y aumento de peso. La revisión de Bian et al. además observa una conceptualización emergente de los patrones de sueño, en el que múltiples dimensiones del sueño no solo interactúan una con otra, también muestran interrelaciones sinérgicas con otros comportamientos relacionados con el estilo de vida, incluyendo la actividad física, el sedentarismo y la dieta, afectando en conjunto al riesgo cardiovascular. Específicamente, en relación a los patrones del sueño y la salud cardiovascular, en este estudio se pueden extraer aspectos claves a considerar para las estrategias de prevención de enfermedades cardiovasculares. “En general, si bien la duración insuficiente del sueño parece ser perjudicial para la salud cardiovascular, el sueño excesivo es más probable que refleje una causalidad inversa, lo que enfatiza la importancia de mantener un sueño adecuado. Patrones de sueño irregulares, caracterizados por grandes variaciones diarias en el horario o la duración del sueño, se han reconocido cada vez más como un factor de riesgo independiente para las enfermedades cardiovasculares. La evidencia sugiere que un horario de sueño tardío se asocia con resultados cardiovasculares adversos. El retraso en el horario de sueño y las horas de acostarse más tarde se han vinculado con mayores riesgos de obesidad, hipertensión y anomalías cardio metabólicas. Por lo tanto, el momento del sueño también es un factor determinante y modificable para la salud cardiovascular, por lo que resulta fundamental alinear el horario de sueño con los ritmos circadianos endógenos. La mala calidad del sueño está asociada con un mayor riesgo cardiovascular. Promover un sueño reparador y de alta calidad puede ser un factor modificable para la prevención de enfermedades cardiovasculares, complementario a otras dimensiones del sueño como la duración, el horario y la regularidad. La menor eficiencia del sueño se asocia con una mayor actividad nocturna y presión arterial diurna, regulación deficiente de la glucosa y efectos adversos cardiovasculares, incluidos la mortalidad. En general, las siestas y el sueño de recuperación pueden considerarse como indicadores de insuficiencia de sueño subyacente o afecciones de salud latentes, en lugar de comportamientos inherentemente protectores”.3
El estudio de Pierson-Bartel and Ujma, que examinó las asociaciones bidireccionales entre el sueño y el estado de ánimo diario en condiciones naturales, encontró que el horario de sueño más que la calidad del mismo, desempeña un papel fundamental en la regulación diaria del estado de ánimo mediante un mecanismo de retroalimentación homeostática. Hallazgos que sugieren que el horario del sueño, más que la calidad objetiva del mismo, representa un objetivo conductual prometedor para la regulación del estado de ánimo tanto en poblaciones clínicas como sanas.4 Los hallazgos del estudio de corte transversal de Zakiei et al, realizado en cinco provincias occidentales de Irán indican que configuraciones específicas de la calidad del sueño y la actividad física están significativamente relacionadas con indicadores de bienestar, tales como calidad de vida, la salud autopercibida y la felicidad.5
En relación a las intervenciones terapéuticas, la mayoría están enfocadas principalmente en el insomnio y están basadas en medicamentos que en ocasiones conllevan riesgos y efectos secundarios importantes. Sin embargo, la investigación progresiva en este ámbito destaca cada vez más la importancia de las distintas modalidades de actividad física rutinaria, de mantener una dieta y peso adecuados, y de terapias alternativas como la TCC-I, la electroacunpuntura y otras intervenciones innovadoras naturales y tecnológicas con un gran potencial para contribuir a la salud del sueño.
La evidencia colectiva presentada en la revisión de Zhao et al. subraya que diversas modalidades de ejercicio, incluyendo el entrenamiento de resistencia aeróbica, el entrenamiento de fuerza y las prácticas mente-cuerpo, confieren beneficios significativos para la salud del sueño al activar una confluencia de mecanismos biológicos interconectados. “Cada modalidad presenta un perfil mecanicista distinto que permite efectos fisiológicos específicos. El ejercicio aeróbico demuestra una potencia particular en la modulación de los procesos termorreguladores y la reducción de la inflamación sistémica, con un fuerte respaldo de ensayos controlados aleatorios y metaanálisis. El entrenamiento de resistencia es altamente efectivo para estimular la liberación de hormonas anabólicas y alterar la composición corporal, aunque el vínculo causal directo entre la secreción de la hormona del crecimiento y la mejora del sueño de ondas lentas requiere más confirmación experimental en humanos. Las terapias mente-cuerpo sobresalen en la regulación del equilibrio autonómico y la atenuación de la hiperactividad del eje-hipotalámico-hipofisario-suprarrenal, con evidencia derivada principalmente de ensayos controlados aleatorios y estudios observacionales”.6 Los resultados de la revisión sistemática y metaanálisis de Ferreira et al., mostraron que las intervenciones de ejercicios mejoraron significativamente la ansiedad, el estado de ánimo depresivo, el Índice de Gravedad del Insomnio y el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburg. En las evaluaciones actigráficas, se encontró una reducción significativa en el tiempo de vigilia después del inicio del sueño. Los resultados del metaanálisis indican que el ejercicio en pacientes con insomnio mejoró significativamente la ansiedad y la depresión, redujo la gravedad del insomnio, aumentó la calidad del sueño y disminuyó el tiempo de vigilia después del inicio del sueño.7
Liu et al investigó sistemáticamente los efectos terapéuticos y los mecanismos moleculares del extracto de antocianinas de mora (MFE) mediante un enfoque integrador que combinó experimentos con animales, análisis multiómicos y farmacología de redes en un modelo de ratón con insomnio. “El tratamiento con MFE atenuó significativamente las anomalías conductuales relacionadas con el insomnio, evidenciadas por una mejor actividad locomotora y una menor pérdida de peso corporal en los ratones. Mecánicamente, el MFE restauró el equilibrio GABA/Glu y elevó los niveles de 5HT en el tejido cerebral, a la vez que mitigó la neuroinflamación. El análisis de la microbiota intestinal reveló que MFE mejoró la composición de la microbiota intestinal, reduciendo la proporción Firmicutes/Bacteroidetes (F/B) y enriqueciendo taxones beneficiosos como Akkermansia y Muribaculaceae. El análisis metabolómico sérico identificó elevaciones marcadas en múltiples metabolitos, incluidos derivados de aminoácidos, glucósidos, ácidos orgánicos y compuestos alifáticos. Las predicciones de farmacología de redes, corroboradas por RTqPCR, implicaron la participación de las vías de señalización TNF e IL17 y la vía de la sinapsis serotoninérgica. De manera consistente, la intervención con MFE reguló negativamente la expresión de ARNm hipocampal de genes proinflamatorios clave (PTGS2, IL6 e IL1β) en ratones modelo de insomnio. Estos resultados revelan un mecanismo de asociación multifacético mediante el cual el extracto de MFE modula las alteraciones neuroquímicas y conductuales asociadas al insomnio, implicando simultáneamente la modulación de la homeostasis de los neurotransmisores, la neuroinflamación, la ecología de la microbiota intestinal y el metabolismo sistémico”.8
En cuanto a la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I), el ensayo controlado aleatorizado de superioridad de Vethe et al., primero en informar resultados a 2 años para la terapia cognitivo-conductual digital totalmente automatizada para el insomnio en población general, evaluó la eficacia clínica y la rentabilidad a largo plazo de la TCC-I en la población general de Noruega. Este estudio encontró que la TCC-I en comparación con la terapia de exposición en línea, demostró mayores mejoras a corto plazo (9 semanas) y a largo plazo (≥ 2 años) en la gravedad del insomnio. Asimismo, demostró que el tratamiento exitoso del insomnio se asocia con mejores resultados relacionados con la salud dos años después. “La evidencia acumulada respalda la implementación de la TCC-I digital automatizada para adultos con insomnio en la población general. Es clínicamente eficaz y rentable desde múltiples perspectivas en un modelo escalable donde los participantes inician la intervención sin la participación de un terapeuta, lo que la hace adecuada para su integración en modelos de atención escalonada públicos o privados. La implementación debe ir acompañada de un seguimiento de la participación, la equidad en el acceso y la seguridad, y respaldada por evaluaciones pragmáticas para optimizar el alcance y la eficacia en la práctica habitual”.9
La electroacupuntura (EA) también es una terapia no farmacológica eficaz para el insomnio, y el ensayo clínico aleatorizado de Yu et al. ofrece evidencia novedosa sobre la eficacia comparativa de la EA y la (TCC-I) en el manejo del insomnio perimenopáusico (IPM). Este estudio encontró que la electroacupuntura mejora eficazmente la calidad del sueño en mujeres con insomnio primario y no es inferior a la TCC-I, por lo que es una opción de tratamiento viable para el insomnio primario.10
Las terapias basadas en el sonido también ofrecen un enfoque prometedor y no farmacológico sobre la calidad del sueño. Los hallazgos de Henriques et al. que, examinaron estudios que evaluaron intervenciones basadas en el sonido (música relajante, sonidos de la naturaleza y ruido blanco) sobre la calidad del sueño, respaldan el potencial de las intervenciones sonoras no farmacológicas de bajo costo para mejorar el sueño en entornos hospitalarios. Sin embargo, los autores también subrayan la necesidad de mayor investigación.11
Las plantas aromáticas se han valorado durante mucho tiempo por su capacidad para aliviar el estrés y promover el sueño. El estudio de Shi et al. mediante un enfoque de aprendizaje automático en conjunto, realizó un análisis exhaustivo de la actividad inductora del sueño de 2391 compuestos orgánicos volátiles (COV) en 991 plantas aromáticas y encontraron que más de 1000 de ellos tienen un gran potencial. Además, este enfoque incluyó mediciones de EEG y análisis de la expresión del receptor GABA_A en tejido cerebral del ratón y encontraron que cuatro de los cinco COV predichos como promotores del sueño -carvacrol, safranal, vainillina y metil eugenol- demostraron la actividad promotora del sueño esperada. Los hallazgos de este estudio confirmaron que los COV mencionados prolongaron significativamente la duración del sueño NREM. Los datos detallados del EEG revelaron que el aumento de NREM fue acompañado de una mayor actividad de ondas theta, característica de las fases de sueño más profundas y reparadoras. Estos resultados respaldan la hipótesis de que los COV específicos pueden ejercer efectos sedantes o reguladores del sueño al influir en vías particulares. Paralelamente, este trabajo identificó familias de plantas como Asteraceae, Lamiaceae, and Lauraceae como particularmente ricas en compuestos volátiles de alto potencial y destacó especies individuales, como Lavandula angustifolia y Perilla frutescens, prometedoras para futuras investigaciones farmacológicas.12
Por último, dentro de las innovaciones tecnológicas para abordar toda la esfera de la salud del sueño numerosos artículos como el de Kouri y Konstantinopoulou, destacan el gran potencial que tiene la IA para transformar la medicina del sueño. “Permite realizar cribados poblacionales a gran escala mediante dispositivos portátiles, automatizar el análisis de grandes conjuntos de datos, predecir la adherencia al tratamiento, personalizar los tratamientos, mejorar la precisión diagnóstica, optimizar los flujos de trabajo clínico y profundizar en la comprensión de los trastornos complejos del sueño”.13 Así también, la revisión de Sharafkhaneh et al. explora las aplicaciones de la IA en todo el espectro de los trastornos del sueño. “En el diagnóstico de la medicina del sueño (MS) abarca aplicaciones como la polisomnografía y las pruebas de sueño domiciliarias. En terapéutica, los modelos de aprendizaje automático mejoran la fenotipificación de la apnea del sueño, lo que permite una selección precisa del tratamiento y una mejor predicción de la adherencia a la CPAP. La IA ayuda a identificar biomarcadores para optimizar la cronoterapia. En la atención médica, el procesamiento del lenguaje natural facilita la extracción de datos no estructurados de las historias clínicas”.14
En las últimas décadas, se ha observado un avance progresivo en la salud del sueño, especialmente en el ámbito de la medicina y la neurociencia. Se están desarrollando terapias farmacéuticas cada vez más efectivas y con menos efectos secundarios, mientras que también emergen diversas alternativas terapéuticas no farmacológicas innovadoras que muestran un gran potencial para mejorar la salud del sueño y, con ello, contribuir a la prevención de enfermedades que tienen un impacto significativo en la salud pública mundial, como las enfermedades cardiovasculares y los trastornos de salud mental. A nivel global, se han establecido importantes centros de investigación, instituciones y organizaciones dedicadas exclusivamente a la salud del sueño, donde los equipos de salud pueden capacitarse y los usuarios en general pueden consultar, recibir orientación y atención profesional segura. Sin embargo, a pesar de que el sueño es reconocido como uno de los principales factores protectores de la salud, junto con la actividad física regular y una dieta adecuada, aún no se le ha otorgado la relevancia y cobertura necesarias, especialmente en países en desarrollo, subdesarrollados y en sectores marginales, donde la salud pública desempeña un rol fundamental.
Además de los notables avances y las brechas existentes en el entendimiento de la salud del sueño, este fenómeno continúa siendo uno de los mayores y más fascinantes misterios de la biología. Aún enfrenta una serie de desafíos científicos y médicos que requieren atención e investigación más profunda, tales como los mecanismos subyacentes de la memoria y el aprendizaje, la relación causa-efecto con diversas enfermedades, los cronotipos y la genética, así como la función y el significado de los sueños, entre muchos otros aspectos.
Referencias
1. Siengsukon C, et al. (2026) Domains included in multidimensional sleep health composite scores: A scoping review. Sleep Health: Journal of the National Sleep Foundation, 12: 537-544. https://doi.org/10.1016/j.sleh.2026.03.004
2. Nedergaard M. (2026) The oscillatory biology of sleep: Linkage to dementia. Science, 392: 821-826. https://science.org/doi/10.1126/science.aeg2276
3. Bian W, et al. (2026) The role of sleep in cardiovascular health and disease risk. Trends in Cardiovascular Medicine. https://doi.org/10.1016/j.tcm.2026.07.001
4. Pierson-Bartel R, Ujma PP. (2026) Sleep timing regulates mood: A multilevel-EEG study of daily life. Sleep Health: Journal of the National Sleep Foundation. https://doi.org/10.1016/j.sleh.2026.08.009
5. Zakiei A, et al. (2026) Sleep quality and physical activity profiles associated with quality of life, self-rated health, and happiness: A cross-sectional population study in Western Iran. Preventive Medicine Reports, 71: 103607. https://doi.org/10.1016/j.pmedr.2026.103607
6. Zhao L, et al. (2026) Biological mechanisms of different exercise modalities in improving sleep disorders: A review. IBRO Neuroscience Reports, 21: 433-440. https://doi.org/10.1016/j.ibneur.2026.07.023
7. Ferreira DP, et al. (2026) Effects of exercise on anxiety and depression in patients with insomnia: a systematic review and meta-analysis. Physiology & Behavior, 306: 115225. https://doi.org/10.1016/j.physbeth.2026.115225
8. Liu A, et al. (2026) Mulberry fruit anthocyanin extract modulates insomnia-related behavioral and neurochemical alterations via the gut-brain axis: A multi-omics and network pharmacology study. Journal of Agriculture and Food Research, 31: 103261. https://doi.org/10.1016/j.jafr.2026.103261
9. Vethe D, et al. (2026) Long-term clinical and cost-effectiveness of a fully automated digital cognitive behavioral therapy for insomnia: 2-year follow-up of a single-blind, superiority, randomized controlled trial. The Lancet Regional Health – Europe, 66: 101691. https://doi.org/10.1016/j.lanepe.2026.101691
10. Yu X-t, et al. (2026) Effect of electroacupuncture versus cognitive behavioral therapy for perimenopausal insomnia: a non-inferiority, randomized controlled trial. Complementary Therapies in Clinical Practice, 64: 102071. https://doi.org/10.1016/j.ctcp.2026.102071
11. Henriques HR, et al. (2026) The Effectiveness of Sound-Based Interventions on Promoting Sleep Quality in Hospitalized Patients: A Systematic Review. iScience. https://doi.org/10.1016/j.isci.2026.117698
12. Shi P, et al. (2026) Mapping sleep-promoting volatiles in aromatic plants with machine learning: a comprehensive survey of 2300 molecules. Digital Discovery, 5: 1068-1078. https://doi.org/10.1039/d5dd00173k
13. Kouri I, Konstantinopoulou S. (2026) Artificial Intelligence and sleep medicine. Respiratory Medicine, 254: 108652. https://doi.org/10.1016/j.rmed.2026.108652
14. Sharafkhaneh A, et al. (2026) Artificial intelligence in sleep medicine I: Diagnosis, treatment, care, and research. Sleep Medicine Reviews, 88: 102295. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2026.102295
